La tristeza de María

Jesús Sánchez Úbric

Quiero contar un triste sueño que tuve hace unas noches: En este sueño ví a una mujer pobre, que llamaba de puerta en puerta pidiendo ayuda, no para ella, sino para ayudar y dar de comer a otras personas. Al acercarse a mí, le pregunté cual era su nombre y si tenía familia. Ella me contestó que se llamaba María, y que había tenido un hijo, al que crucificaron en una Cruz y que se llamaba Jesús.
Me habló de que su hijo, que era Hijo de Dios, se había hecho hombre y que su vida transcurrió entre los más débiles y desprotegidos y que su Evangelio lo basó todo en el amor, y que el verdadero amor, era compartir con los necesitados. Era amar al prójimo como él nos había amado. Así llegamos hasta desembocar en la terrible crisis que padece la humanidad.
María, fue más allá en esta conversación, y la profundidad de su tristeza se reflejó más aún en su rostro, hasta el extremo de correr lágrimas por sus mejillas que brotaban de sus bellos ojos. Lo que más me apena de todo, dijo María, es que la Iglesia que Él fundó, aún sigue sin comprenderlo, pues hace todo lo contrario a lo que Él deseaba: LA POBREZA.
Estaba triste porque sus representantes, mientras muchos millones mueren de hambre, ellos viven en grandes palacios, y aquellos creyentes de base, se afanan en hacer de su Imagen de Madre de Jesús, un becerro de Oro al que adorar.
Estas palabras me llenaron un poco de estupor, pero María continuó diciendo: ¿acaso no es hacer de mí un becerro de oro al que adorar, cuando hacen imágenes mías y las cubren con ricos mantos y esplendidas joyas, cuando hay tanta hambre en el mundo? ¿Puede una madre sentirse feliz, cuando la verdadera belleza que cautivó a Dios Padre, y hacer de ella la Madre de su Hijo, fue la pobreza, la sencillez y la humildad? ¿Puede una madre verse vestida de joyas y coronas, de mantos y perlas preciosas, mientras sus hijos claman, ayuda para sobre vivir?
No, no podía creérselo. No podía creerse que los representantes de Jesús en la Tierra, el papa, obispos y sacerdotes, y el llamado Pueblo de Dios, pidan las coronaciones de unas imágenes que dicen que representan a la Madre de Jesús, cuando su lucha en esta vida fue precisamente una constante lucha contra el poder, contra los ricos y a favor de los pobres; pues como dice el Evangelio, su hijo, el Hijo del Hombre, no tenía ni donde reclinar su cabeza.
¿Porqué se obstinan en hacerlo rico a él o a su madre? ¿Por qué nuevamente desean Coronarme, con nueva corona de Oro? Sencillamente creo, me dijo María, que esta humanidad, desconoce aún el Evangelio y muchísimo más, cual fue la misión de su hijo al mundo. Pero de una manera especial, la pena de María y su enfado, estaba por la nefasta labor de los representantes de su hijo, que aún seguían alimentando, como los Israelitas en el desierto tras salir de Egipto, la adoración de un Becerro de Oro.”
También me habló con inmensa tristeza, de la conmemoración de las fiestas del nacimiento de su hijo y de su Maternidad. Todo ha quedado para la celebración del Corte Ingles y otros establecimientos, pero ¡SON TAMPOCOS LOS QUE REALMENTE CELEBRAN ESTA FIESTA DE AMOR DESINTERESADO!
Al despertar, comprendí a María, comprendí su tristeza y la incomprensión de los que nos llamamos cristianos, para con nuestra propia fe, ya que Jesús solamente se proclamó Rey, cuando iba a morir, al decir ante Pilato “Yo soy rey, y para eso vine a este mundo, para dar testimonio de la Verdad” ¿y que es la Verdad? La Verdad de Dios es el Amor. El amor a TODOS.
Se que este texto puede levantar ampollas en muchos sectores eclesiásticos, pero no es mi deseo que ello suceda, pues me he limitado a describir esa tristeza de María, que deberíamos conocerla muy bien todos aquellos que decimos vivir tan cerca de ella. Y si ella no quiere coronas de plata ni de oro, ¡No se las pongamos! Al menos mientras tantos hermanos mueren de hambre. Y dejémonos de adorar a Imágenes, mientras Jesús, que vive en cada uno de los necesitados que procesionan por las calles, sin ser reconocidos, como cristos vivientes en cada uno de ellos. Estos son los que necesitan ser alimentados, vestidos y adorados, y no las Imágenes coronadas.

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