Endulzar con salud y sabor

Gádor Sánchez Bertos

Aunque mi especialidad es la piel y como todo lo que comemos y respiramos también afecta a la piel, pues en este artículo voy a hacer un estudio del azúcar refinado y de los edulcorantes. ¿Con qué productos no deberíamos endulzar nuestros platos? Deberíamos evitar el azúcar blanco o refinado, la fructosa, los edulcorantes sintéticos (principalmente acesulfamo K E-950, aspartamo E-951, ciclamato monosódico E-952, sacarina E-954) y los polioles industriales (manitol, sorbitol, xilitol, isomaltiol, lactitol y maltitol). Asimismo hay que evitar la glucosa o dextrosa y el jarabe de maíz, los cuales se obtienen por procesos químicos.

¿Con qué productos sí podemos endulzar nuestros platos con seguridad y salubridad? Teniendo en cuenta que el proceso de obtención sea natural y sin adu
lterar, los mejores son: sirope o melaza de cereal ecológico, miel cruda ecológica, stevia, jarabe de manzana, frutas secas, sirope de arce y el sirope de ágave. Teniendo en cuenta la glucemia sanguínea, los diabéticos deben considerar que todos estos edulcorantes “saludables” elevan la glucosa con rapidez, exceptuando la stevia y el ágave. ¿Por qué los primeros son malos para nuestra salud? El azúcar blanco acidifica y produce deficiencias de vitaminas y minerales. Disminuye nuestras defensas y aumenta los depósitos de grasas. Repercute en el buen funcionamiento del sistema nervioso, produciendo una gran fluctuación energética que se traduce en hiperactividad/depresión y en altibajos emocionales. Produce hipoglucemias reaccionales, hiperactividad infantil y desórdenes en la atención. La toxicidad de los edulcorantes artificiales ha sido objeto de intensos debates científicos, sometidos a presiones comerciales y políticas. El “Informe aspartamo: un edulcorante muy agrio”, en “The Ecologist”, No. 29, abril-junio 2007, alerta entre otras cosas de que el aspartamo es altamente neurotóxico y produce hiperactividad en niños, la llamada “coca de los niños”. ¿Por qué los segundos son óptimos? Los obtenidos de una forma natural y sin adulterar conservan todos los minerales y las vitaminas originales necesarios para su metabolización y el cuerpo no recurre a sus reservas para equilibrar el proceso metabólico. No desmineralizan ni provocan altibajos energéticos y emocionales.Por todo ello recurramos a los edulcorantes más sanos para evitar los principales problemas de salud como: Pérdida de minerales, obesidad, diabetes, ceguera, alteraciones emocionales, hiperactividad, problemas inmunológicos varios, cáncer, esclerosis múltiple, lupus… 

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