Salir del infierno (segunda parte)

El pasado mes dejamos la entrevista con Paco y Antonio, alcohólicos rehabilitados, en un punto en el que tras hablar de madurez, experiencia y consciencia de la enfermedad, mis entrevistados reconocían que solamente hay un camino: la terapia.
(Continúa la entrevista)
Nos estamos autodenominando “agentes de salud”
JOSÉ LUÍS.- ¿En cada rehabilitado hay un voluntario?
Paco.- Sí, es imprescindible. Nosotros le llamamos “Abstinente activo responsable”. Es que tienes que ser responsable de lo que has conseguido y darle valor de alguna forma y la única forma de darle valor es que los demás se vayan haciendo también responsables. Cada persona que hay aquí viene diariamente dos horas pero el resto de la jornada va de abstinente responsable y lo ves en una parada de autobús o en un bar con un amigo tomando café y hablando del tema. Sí, sí, creo que es inevitable.
Antonio.- En este sentido nos estamos autodenominando “agentes de salud”, como también nos definen los técnicos. Nosotros con abstinencia sólida, con una abstinencia seria, somos agentes de salud muy responsables.
P.- Aquí hay personas que llevan muchos años en la abstinencia, más que nosotros, y su palabra, su consejo, su disposición en cualquier momento para ayudar a quien le haga falta, es la misma o más abnegada. La única diferencia de los que ahora estamos en la Junta Directiva con los demás es que nos ocupamos de los papeleos, de la burocracia, de las llamadas, de las entrevistas con la Consejería de Salud, etc. Pero cualquiera de los que aquí hay con un determinado tipo de abstinencia, que están asumiendo su problemática y van sintiendo que su autoestima ha mejorado muchísimo, cualquiera de ellos es voluntario y su voluntariedad le ayuda a conocerse mejor. Hay personas que llevan dieciséis años.
A.- Aquí se dan el teléfono entre sí y cuando llega el fin de semana uno le dice a otro: “si te sientes mal o nervioso llámame”. A las dos de la mañana pueden recibir la llamada de un compañero que en ese momento se encuentra muy mal, nervioso y tentado de coger una botella; el otro inmediatamente le anima y se presenta en su casa.
Hemos hecho lo más grande de nuestra vida: dejar de beber.
J.L.- ¿Descubrís otro tipo de valores?
P.- Cuando escucho a compañeros decir ¡qué pena, haber cogido esta enfermedad!, yo… personalmente pienso… es que… ¡estoy tan contento de ser alcohólico!…. (Ante tal aseveración se produce en mí un gesto de sorpresa como un escalofrío). ¡Sí!, porque si no lo hubiera sido nunca, no sería tan feliz como lo soy ahora… ¡pero nunca! Estoy seguro, y mi vida puede parecer normal, todo lo normal que quieras pero para mí es excepcional, completamente excepcional.
A.- Es que lo que hemos hecho es lo más grande de nuestra vida: dejar de beber. Aunque así suene no es fácil. Entonces descubrimos los pequeños detalles que hacen felices a los demás.
P.- Me preocupaba tan poco el sueldo cuando yo empezaba a trabajar ya en abstinencia… Creo que mi jefe debería decir que yo estaba loco; a mí me daba lo mismo lo que me pagaran ni las horas que echara, solamente quería hacerlo bien, bien y bien. Y sigo igual ¿eh?
Somos muy exigentes con nosotros mismos
J.L.- Os preocupa el trabajo bien hecho
A.- Ahora tenemos un sentido de la responsabilidad considerable y somos muy exigentes con nosotros mismos, no nos hace falta jefe ni vigilante. Intentamos ser censores de nuestros propios actos, somos muy autocríticos por la ambición de hacerlo bien ya que lo hemos hecho tantas veces mal.
P.- Y te salen las cosas bien, es curioso. Yo antes era como muy cobarde para todo en la vida, ahora no me da miedo nada.
Doy gracias de ser alcohólico y de estar en abstinencia
P.- Probablemente y además… ¿qué me puede pasar peor de lo que me ha pasado? Nada, no le tienes miedo a nada. Yo pongo un ejemplo muy claro que se entiende, se sea religioso o no. Si un individuo se muere y va al cielo pues… ¡qué maravilla!, su vida es maravillosa por los siglos de los siglos. Pero imagínate que otro va al infierno –yo me comparo con este otro- y después de permanecer en él durante siglos con todos los sufrimientos del mundo, llega San Pedro y dice que ha habido un fallo administrativo y que Paco, el pobre chaval que lleva sufriendo tanto tiempo, es bueno y Paco va al cielo. ¿Cómo se va a comparar ese hombre, que lleva una eternidad viviendo en el cielo, conmigo que vengo del infierno? ¿lo pasaré yo mejor que él? (Paco ríe abiertamente al finalizar de exponer su ejemplo). Por eso doy gracias de ser alcohólico y de estar en abstinencia y seguir manteniéndola.
Ahora uso colonia, me ducho, me cambio de ropa
J.L.- ¿Sois más coquetos ahora, cuidáis más la imagen?
P.- No, simplemente nos lavamos.
A.- Yo recuerdo que para cambiarme de ropa interior mi mujer libraba una batalla, se me olvidaba.
P.- Hay un compañero que cuenta que antes no se duchaba porque cuando pensaba que iba a invertir veinte minutos en hacerlo, con arreglo posterior, afeitado y demás, prefería cambiarlo por bajarse al bar y tomarse un pelotazo; figúrate hasta qué punto se llega. Y como además no te hueles, quien aguanta tu olor es la persona que vive contigo… ¡es un desastre! ¿Que si ahora somos más coquetos?, evidentemente, ahora uso colonia, me ducho, me cambio de ropa…
J.L.- Qué sentimiento es el que más despierta con la abstinencia.
P.- El de la curiosidad. Me encanta descubrir cosas y observar a la gente, pasear por Madrid y observar a un joven que se mueve como un autómata, escuchar a un grupo de músicos callejeros o hablar con un fabricante de paraguas y bastones… que descubrí el otro día y que es un encanto de tío.
A.- Después de siete años caminando también he recuperado una actitud curiosa, contemplativa, “ver salir el sol, cómo cae una hoja del árbol, cómo en Aranjuez el suelo se dibuja con distintos colores con las hojas del otoño…”
No se puede prohibir, sería totalmente impopular
J.L.- ¿La prohibición de la bebida en el país solucionaría el problema?
A.- No, no, prohibiciones no hay que hacer. Una exhaustiva información partiendo de los niveles de enseñanza primaria y con actuación de la sanidad pública sería lo más efectivo.
P.- Estoy de acuerdo con Antonio, información y concienciación, que la gente sepa que tomarse una copita está muy bien, es muy divertido, pero que puede derivar en estos problemas. Cuando ves un anuncio publicitario en nuestra televisión te resaltan la cosa bonita, una tía buena y guapa que se te aparece cuando te tomas un Martini… eres más hombre si tomas no sé qué. ¡No hombre, no! Hay que decir la verdad igual que en las cajetillas de tabaco te advierten que fumar es peligroso para la salud.
A.- El alcohol está clasificado por la OMS en el segundo grupo de drogas duras y eso no lo sabe la gente. El alcohol está tan asumido por nuestra sociedad, es un consumo tan habitual, que no se piensa ciertamente en sus peligros. Pero el drogadicto de alcohol no causa los grandes problemas de inseguridad ciudadana que pueda originar un heroinómano, porque “mi mono” lo soluciono con veinte duros que vale un cartón de vino, por lo tanto yo no tengo que pegar el tirón del bolso ni sacar la navaja, y eso no produce los problemas sociales que la otra droga, indudablemente más cara.
J.L.- ¿El alcohol goza de una cierta permisividad?
P.- Es que no se puede prohibir, sería totalmente impopular.
A.- Las autoridades son permisivas pero al mismo tiempo está tan asumido el alcohol que si un partido político incluyera en su programa la prohibición del alcohol, no le votaría nadie.
P.- Lo que se necesita es una mayor información a niveles de escuela, universidad y medios de comunicación.
J.L.- ¿Siempre será necesaria vuestra participación a través de asociaciones?
A.- Los propios técnicos, que saben y comprenden el problema porque lo han trabajado durante años y tienen experiencia, dicen claramente que un médico no saca del alcohol a un alcohólico, sin embargo un alcohólico abstinente sí. Pensemos en el origen de Alcohólicos Anónimos. Dos médicos que eran alcohólicos se dieron cuenta de que paseando, hablándose el uno al otro de su problema, no bebían. Entonces fueron integrando en ese mini-grupo a otros alcohólicos intentando ayudarles y así se creó la terapia.
—-
La conversación continuó retomando los temas ya expuestos para darles nuevas lecturas y detenernos en tristes anécdotas que ahora se contemplan con ciertas dosis de humor porque pertenecen a un pasado por fortuna superado. Desde el pasillo de la Asociación advierto el desarrollo de una terapia y compruebo algunos de los valores expuestos en la entrevista. Antonio me comenta en voz baja: “aquí en terapias surge la misma pregunta, “yo he dejado el alcohol y ahora qué, ahora qué”. Ahora mucho, ahora a saber disfrutar de un libro, de una película, de una flor, del campo, de la familia. Algunos dicen “he ido a ver escaparates con mi mujer, ¡en mi vida iba yo a pensarlo!”.
Paco se lamenta de que España sea el único país que no reconoce aún el alcoholismo como una enfermedad. Me advierte con pesar: “En España es un vicio, aquí si un tío es alcohólico y necesita beber cada día lo echan del trabajo, en otros países lo someten a tratamiento”.
Ciertamente queda mucho por hacer pero conviene destacar que más de trescientas asociaciones antialcohólicas funcionan en España y que debemos difundir su labor para, entre todos, erradicar este mal que la sociedad actual, del consumismo y la competitividad se está encargando de incrementar. Antonio y Paco se sienten orgullosos de la Asociación a la que pertenecen y reconocen abiertamente el eco extraordinario que encuentran en su ayuntamiento a través de su Concejalía de Salud, que es el instrumento que los mantiene, les facilita el local y los apoya.

Por J. L. López Enamorado

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