Carta desde otro mundo

Ramón López Martín

Queridos lectores: cuando redacto esta misiva me encuentro en otro mundo, el Nuevo Mundo, el que descubrió Cristoforo Colombo para honor y gloria de la Reina Isabel I de Castilla.
Los historiadores europeos narran el hecho del descubrimiento, conquista y civilización de los territorios de Indias, como una grandiosa hazaña y un portento de entrega hacia las gentes, los indígenas de estas ricas y salvajes tierras, a quienes hicieron hijos de Dios y enseñaron nuestras costumbres de manera desinteresada, esperando el reconocimiento divino. Habría que ver, saber y preguntar, si fuese posible, cómo lo vivieron los sufridos «indios».
América significó en el momento de la conquista un mundo insospechado, que se abría a la vista admirada de los audaces navegantes con el misterio de su naturaleza imponente y bravía, de sus hombres de bronce, de sus culturas, de sus tesoros fabulosos, de sus leyendas, mitos y supersticiones, y un pasado legendario que España recibió para legarlo a la humanidad. ¡Qué bonito!
Soldados, misioneros, aventureros, comerciantes, funcionarios, todo el conjunto abigarrado que se volcó sobre el extenso territorio americano, después del descubrimiento de Colón, fue quedando sin embargo prisionero de su propia conquista. Nuevos grupos humanos suplantaron a las milenarias naciones indígenas y llegó el día en que a su vez los jóvenes pueblos de América emprendieron la gesta heroica de su emancipación.
En el Virreinato del Rio de la Plata, a partir del 25 de mayo de 1810 se constituyó un nuevo Estado, adquiriendo su independencia política el 9 de julio de 1816. Los patriotas entonaban la canción: «No queremos reina puta, ni tampoco rey cabrón, ni queremos gobierne, esa infame y vil nación, al arma alarma americanos, sacudid esa opresión, antes morir que ser esclavos de esa infame y vil nación».
Una revolución necesita un contenido claro, una ideología atrayente, un líder, unos realizadores y cien mil «predicadores». Ha de contar con los medios de comunicación tradicionales y con los modernos, que actúan con mayor rapidez y llegan prácticamente a toda la población, especialmente a los jóvenes que tienen más vitalidad y deseos de arrinconar todo lo usado y caduco.
Estoy en la provincia de Mendoza, «la Tierra del Vino y del Sol», gozando de un mes de primavera, junto a mi querida familia. Aquí los paisajes son inmensos, contemplo el Aconcagua y otros picos montañosos nevados, me recuerda a nuestra Sierra, a lo grande. Argentina es variada, con paisajes espectaculares desde las cataratas de Iguazú en la frontera con Brasil, hasta la Tierra de Fuego en el extremo Sur.
El año en el Hemisferio Sur empieza en verde, color de la esperanza, porque es final de la primavera. En el Hemisferio Norte, lo hace gris. Esperemos que no dure demasiado tiempo. Salud y felicidad a mis lectores.

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