Calle, la

Ignacio Caballero Rivas

El espacio público donde se han producido eventos cotidianos e históricos, donde se ha convivido, guerreado, trabajado y creado, ahora es zona de policía.
La calle es resultado de la vida en grupo. El urbanismo se desarrolló entre la necesidad de evacuar aguas de lluvia y aguas negras y la necesidad de planificar los espacios. Y surgió un inevitable espacio intermedio en forma de vía que no iba a ser frontera entre los individuos, al contrario: se compartía un espacio que posibilitaba el flujo de muchas necesidades, entre ellas, la comunicación. También se estacionaban las cosas en la calle, pues se almacenaba, se trabajaba, se mercadeaba, se compartía, se cocinaba y se vivía, de forma tranquila, al modo fotografía en blanco y negro. Si hay un caso de diversidad indiscutible, es el caso de la calle, pues en ella lo tienes todo: en las calles se ha guerreado y se ha padecido enfermedad y miseria, pero también se han creado las leyendas urbanas y se ha engendrado la filosofía urbana, el saber popular y el pacifismo, uniendo voluntades, voces y sueños de gente sencilla, en conspiraciones, asambleas y revueltas. Las grandes avenidas de acceso a las pirámides o a los castillos, ésas no eran las calles, ésas eran una prolongación de los dueños y señores de tales palacios. Pero a esas calles fueron a parar los pasos de los valientes, para progresar.
Ahora la calle, además de ser el sitio donde las mascotas depositan sus excrementos, contiene múltiples vías de telecomunicación, así como viaductos y gasoductos, con lo que es una mega-construcción que imposibilita el ciclo del agua, pues supone una barrera a la infiltración. Pero esa no es la única frontera que impone: la calle es el lugar para el tránsito de vehículos, por ejemplo. En la calle actual ha desaparecido la comunicación entre individuos y en cambio existe la comunicación unidireccional, es decir, la que va de mensaje a receptor. Calle ahora es sinónimo de señal y de código de circulación. Las señales son variadas en formas y en colores, pero siempre son impositivas: no estaciones, paga, dirígete allí, no entres o paga al salir, entre otras.
Se podría aceptar que tal orden se establece para mejorar las condiciones de vida y de seguridad de todos, pero no, se ha desvirtuado todo: la calle ya no es pública, es para quien la paga. De eso se han encargado las administraciones locales, que han optado por emplear verbos imposibles como zonazulizar, zanjear y microtraumatizar, haciendo caja y recaudando por la vía de apremio. También han empleado las ordenanzas de convivencia ciudadana, que han florecido por todos los municipios. Se consigue así que la calle, calle. Alguien dijo: “¿Qué va a opinar la calle?” y la respuesta fue “cállela y asunto resuelto”.

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