Renovables: un capítulo que se cierra

 

 

Ignacio Caballero Rivas

 

Desde el 2000 los estados europeos han impuesto políticas de estímulo económico como fórmula de implantación de las tecnologías renovables.
Los beneficiados han sido, no podía ser de otra manera, las grandes empresas, las marcas de siempre con un distintivo de energía limpia. Han acudido a la llamada como hambrientos, ha hecho caja y han desaparecido. Esta victoria para las grandes corporaciones es un fiasco para el interés general. El caso más infame es el de la fábrica de aerogeneradores de cuyo nombre no me puedo acordar, pues se encuentra organizada en factorías provinciales y decir el nombre de una de ellas sería tan inexacto como injusto. Todas las factorías de aerogeneradores están cerradas, no fabrican nada y los 2.500 trabajadores que ahora quedan por toda España, no cobran desde hace casi un año. El grifo se cerró allá por 2009, momento en el que empezaron los ERES que afectaron a 10.000 trabajadores. La administración tomó la medida de reducir las partidas para el parque eólico. Las decisiones impuestas por la banca y ejecutadas a la perfección por los hombres de estado a su servicio, eran las conocidas por todos: reducción presupuestaria en obras públicas e infraestructuras, reducción de sueldos a funcionarios y pensionistas y otras.
Una fábrica de molinos de viento de 100 metros de alto, que ha provisto, a un enorme país como es el nuestro de una capacidad de producción eléctrica brutal, donde aún no se ha llegado al máximo de su potencia, se construyó con la colaboración de muchas partes: los particulares malvendieron sus tierras; los ayuntamientos cedieron terrenos y ayudas administrativas; las comunidades autónomas aportaron tecnología y subvenciones; la seguridad social hizo descuentos imposibles para la contratación de personal.
Pero no hay posibilidad de que estas fábricas vuelvan a la actividad, pues desde hace unos meses casi todas esas fábricas se han desmantelado y se han trasladado a los países del este. Las hemos pagado los españoles y ahora sirven a terceros intereses. En definitiva, ya no hay personal ni tampoco capacidad productiva. Queda el recuerdo de una aventura empresarial fugaz que ha demandado el esfuerzo y las ilusiones de muchos ánimos, de muchas personas, de muchos trabajadores. Los hombres de estado están viendo cómo el patrimonio de todos se pierde y no hacen nada, solo obedecen a la gran banca que les dice que no hay dinero. Los hombres de estado no han sabido entender que proporcionar todos los medios a las grandes empresas conlleva situaciones como ésta: a la hora de orquestar una desbandada, te la hacen a la velocidad del pensamiento.
Pues bien, en 2010 la energía eléctrica producida por medio de renovables ha supuesto el 30% del total de energía consumida en España; si incluimos las alternativas, que permiten ahorrar hidrocarburos, llegamos al 35%: un importante porcentaje de energía consumida que evita el consumo de combustibles fósiles, tan contaminantes, caros e insostenibles. En cambio, la banca es quien está ahora invirtiendo en combustibles fósiles, a sabiendas de que es el mejor valor del presente.

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