El principio del fin, pero no el fin

 

César Torres Martín

 

Desde Begoña Urroz Ibarrola, el 27 de junio de 1960, hasta Jean-Serge Nérin, el 16 de marzo de 2010, han sido demasiados años de los peores adjetivos que nuestro país ha vivido de terrorismo. La jornada del pasado 20 de octubre de 2011 podría ser histórica por el comunicado de los asesinos de España del cese definitivo de su actividad armada.
Y digo podría porque sólo el tiempo confirmará si esta fecha se convierte realmente en histórica, pues de una estirpe tan arraigada y terrorífica como es la de ETA no termina uno de fiarse. Naturalmente que es una de las mejores y más esperadas noticias que todos los demócratas queríamos escuchar, evidentemente que es para estar contentos, pero también es comprensible que se tengan dudas y se muestre escepticismo por todas las circunstancias que caracterizan el caso, por lo que no es buena del todo. La duda sigue latente porque no han comunicado su disolución, porque no han proclamado su desarme, porque no han declarado ponerse a disposición de la justicia y cumplir sus condenas, y entre otras razones porque no han pedido perdón a las víctimas ni a sus familias.
Que va, lejos de esto, se atreven soberbiamente a tratar de tú a tú a los gobiernos de España y Francia cuando los instan a tratar la resolución de las consecuencias de su guerra. Pues claro que tenemos dudas en el fondo de sus palabras.
El análisis es palpable, como si fuese una novela cuyos capítulos ya están escritos y se van sucediendo, aún quedan 703 presos de la banda terrorista entre las prisiones de España (559), Francia (140), Portugal (1), Reino Unido (1), Irlanda (1) y México (1), por lo que se intuye como elemento central de la negociación definitiva. Lo que pasa es que ante las múltiples extorsiones practicadas, los ochenta y tantos secuestros y los ochocientos y pico asesinatos, seguir demandando el indulto de estos reclusos no parece justificable, procedente ni razonable. Y además, otro aspecto indiscutible será meter cabeza en el Congreso en las próximas elecciones, porque el momento elegido para presentar el comunicado, justo un mes antes de las generales, no ha sido casualidad, al contrario, ya estaba preparado en el guión a seguir y así tocaba hacerlo.
Pues eso, seguiremos pendientes de la evolución que conllevará el comunicado y sus reales consecuencias en nuestra sociedad.
Ah, por cierto, de este primer paso definitivo en el éxito por acabar con la banda terrorista, me parece vergonzoso y de una bajeza tan hiriente que se atribuya específicamente a algún político la responsabilidad del mismo, a modo de provecho electoral.
Por otro lado, caprichos del destino, también el 20 de octubre de 2011 será recordado por la muerte de Muamar Gadafi, y con él los 42 años de opresión de Libia. Ya se encargaron las diferentes cadenas de televisión de mostrar (eso sí, sin advertir si las imágenes podrían herir la sensibilidad del espectador) el zarandeo del dictador libio a manos de los rebeldes, el posterior primer plano de su cuerpo sin vida tras ser ejecutado y un día después mostrar el agujero de bala en su cabeza. En fin, otra dinastía corrupta y de marcada tendencia terrorista que se abate, otro gobierno déspota que en pocos meses es derrumbado por la ciudadanía y el apoyo internacional.
¿Y ahora qué pasará en este país norteafricano? Pues para empezar se tendrá que hacer un gran esfuerzo por evitan tentaciones de nuevos abusos, por ejemplo, porque su industria está basada en el petróleo, suponiendo el 95% de sus exportaciones, por lo que junto a su tradición de depravación y sometimiento civil, resulta una reflexión evidente. A ver, una nación que tiene seis millones y medio de habitantes, una extensión territorial de casi dos millones de kilómetros cuadrados (es decir, casi tres veces más grande que España y con la población de Madrid), con unas reservas de agua en el subsuelo que ocupan aproximadamente la cuarta parte de su superficie, con 1.770 kilómetros de costa al mar Mediterráneo, disfrutando de una situación geográfica totalmente aventajada (por eso de las estrategias), y además con una significativa y vasta cultura, la convierten en un país altamente cautivador. Apuesten por cuántos países, sobre todo europeos, querrán colaborar a reorganizar Libia, aunque ciertamente ya lo venían haciendo estando aún con vida el régimen dictatorial que acaba de caer.
¿Será verdad que la globalización también está llegando a la democracia y a la justicia, y con ello se colaborará mundialmente contra el terrorismo, la autocracia, la opresión, la intolerancia, la tiranía, el abuso,… y la esclavitud de los pueblos? Y ya que estamos, ¿se podría la globalización vestir de ayuda humanitaria para paliar la pobreza y el hambre?

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